Si USTED…
- no tiene trabajo, teme perder su trabajo o sus hijos no encuentran trabajo.
- tiene un sueldo o una jubilación cada vez mas exiguo y lo que gana no le alcanza para nada.
- de una u otra forma, paga cada vez más impuestos.
- avizora un futuro para su familia cada vez más incierto.
- observa una permanente baja en la educación, en la salud y en general en su calidad de vida.
- tiene una pequeña empresa que está casi en quiebra.
- tiene hijos que quieren emigrar por falta de expectativas.
- se siente cada vez más inseguro, por el aumento de la delincuencia marginal.
Debe saber que todo esto tiene una causa: la deuda externa
Deuda externa argentina.
El origen del estigma.
Una deuda nunca remite a algo de lo que estar orgulloso, siempre una deuda representa un estigma negativo. Argentina sufre el estigma de ser país deudor casi desde los orígenes de la nación, increíble es que ya en 1809 Mariano Moreno advertía en un manifiesto que se dirigía al Virrey Cevallos que “Todas las naciones en los apuros de sus rentas han aprobado el arbitrio de los empréstitos, y todas han conocido a su propia costa que es un recurso miserable, con que se consuman los males que se intentaban remediar”. Estas palabras fueron expresadas solo unos años antes de que “la madre de todos los males de la Argentina”, comenzara. Pero este mal no llego solo, sino que se origino y se expandió hasta repercutir a todo la historia del país a causa de malos gobernantes que tomaron malas decisiones.
El primer error argentino tiene fecha. En 1824 se da inicio a la deuda externa a través de un préstamo que Buenos Aires pidió a la Baring Brothers Co, de Londres, préstamo que Bernardino Rivadavia justificó que se usaría para realizar el puerto, dar agua corriente a la ciudad, y fundar pueblos, pero estas intenciones no se concretaron, y del millón de libras que se recibirían solo llegaron unas 560 mil. En 1904 se logró terminar de pagar esta deuda, a la cual se debió abonar 12 veces más que el dinero prestado.
Asentado este antecedente ya puede palpitarse que los gobernantes argentinos no son los más vivos a la hora de negociar, como justificación de esta premisa se puede remitir a los gobiernos militares, principales causantes del endeudamiento externo.
Durante la dictadura militar, mediante una fraudulenta fuga de las divisas que ingresaron al país como préstamos, el país se endeudo con el supuesto objeto de constituir reservas en el Banco Central. Pero esto resulto en una fuga de capitales que ocurrió entre 1980 y 1983, mediante una quiebra masiva de bancos y financieras, y mediante un mecanismo denominado “seguro de cambio”, que garantizaba el precio futuro de las divisas, pese la enorme inflación existente.
Las políticas de Martínez Hoz fueron las que dieron origen a la deuda externa. Luego Domingo Cavallo estatizó la deuda, la refinanció, y finalmente privatizó y vendió todos los bienes de Argentina.
Desde 1983 los gobiernos se olvidaron de los sectores populares y centraron sus políticas a un modelo neoliberalista que solo terminaría ensanchando más la deuda externa. Lo cierto es que desde sus inicios hasta hoy Argentina continua en la lista negra de deudores, y pese a los esfuerzos de pago, debido a sus orígenes fraudulentos tanto como sus abismales intereses, la deuda externa parece ser un estigma que acompañará la historia del país no solo desde sus orígenes si no que también hasta su fin.

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